Poncio, era un señor, que nada tenía que ver con Poncio Pilatos, aunque a todos confundió, cuando acudió un día a su trabajo, vestido de romano y con una toalla en las manos. Poncio, era representante de una tienda de disfraces. Algunos días, se vestía de drácula y otros de cucurucho de helado con nata, dependiendo siempre, de cual fuese el disfraz de moda, que él, debía de promocionar. Aquello, no era el trabajo de sus sueños, pero no le quedaba mas remedio que continuar con él, si no quería sufrir los latigazos de su suegra. La suegra, era una domadora de leones hambrientos, que recientemente, había ido derechita al paro, por escasez de leones hambrientos. Pudo conservar su látigo a base de insistir dando latigazos al jefe, que quería que lo entregase, junto con el resto de la indumentaria de trabajo. Entregó el tanga negro, las minifaldas a cuadros, la camiseta ensangrentada, compresas ya usadas, lentillas color león y los zapatos con puntas de acero, pero el látigo, se lo quedó.
Haciendo uso del mismo, logró reunir a una serie de individuos para crear un negocio, según ella interesante. Era un pequeño comercio, en el que podían encontrarse cualquier disfraz. Cualquier disfraz, que pudiese imaginarse, aquella tienda lo proporcionaba.
Poncio, quiso un día, convencer a su suegra de que aquello, no era una buena idea y que para nada, tenía intención de invertir todos sus ahorros en una tienda de disfraces. Tras recibir el primer latigazo en la cara, que le propinó su suegra, comentó entusiasmado, que se moría de ganas por comenzar a vender aquellos disfraces y que a pesar de lo tarde que era, iría de madrugada con gusto, a casa del director del banco, para que le concediese de inmediato un crédito de treinta millones de pesetas.
Aquel crédito, junto con sus ahorros, convencieron a la suegra, del mismo modo que aquel latigazo, propinado con energía en su cara, había convencido a Poncio.
Por desgracia, un huracán, arrasó el comercio tres meses después de su inauguración.
La suegra, del disgusto, sufrió un derrame cerebral. Poncio, se hizo con una fregona y un cubo, creyendo que el derrame cerebral, consistía en eso, en que se le derramaría los sesos, saliendo por las orejas hasta llegar al suelo. Quería estar preparado, para recoger todo lo que se derramase, con aquella fregona y el cubo. La suegra, jamás imaginó que Poncio fuese tan bestia. A duras penas, mientras agonizaba y antes de fallecer, pudo propinarle, el último de los latigazos. Afortunada y desgraciadamente pudo esquivarlo. Afortunadamente, porque sabía que de haberle dado de lleno, le hubiese dejado una marca, similar a la que tenía ya en la cara. Desgraciadamente, porque al esquivar el látigo, tropezó y cayó de cabeza por las escaleras de caracol, la cual daba al triturador de basura municipal. De Poncio no quedaban mas que trocitos de carne.
El cadáver de la suegra, se pudrió a los cinco minutos de fallecer. Cuenta la leyenda, que un come tripas con alas, hizo que el cadáver se descompusiera tan rápido. Lo cierto es que yo, estaba allí y no ví a ningún come tripas con alas, por lo que creo que eso de los come tripas, es una patraña. De todas formas, para asegurarme, busqué en internet, cualquier dato que hiciera referencia a los come tripas, y no aparece nada. Siempre he pensado que lo que no esté en internet, no existe. Se pudrió rápido y ya está. No hay que darle mas vueltas al asunto.
Moraleja.
¡QUÉ COME TRIPAS NI QUE OCHO CUARTOS!, ¡NOMECREO NÁ...DE NÁ!.