Índice » Zoofilia » El Famoso trío

A menudo me encontraba solo por varios días. El nuevo trabajo de mi mujer la mantenía alejada de cada dos y hasta tres días seguidos cada semana, y eso se fue tornando una rutina a la que cada uno encontró su lado bueno. Algunas noches yo caía rendido en la cama después de haber trabajado varias horas, pero a veces me resultaba difícil conciliar el sueño. En esas ocasiones me conectaba a Internet y terminaba casi siempre cayendo en las historias eróticas que me resultaban mucho más interesantes que las fotos. Y así fue como comencé a leer con curiosidad primero con interés después algunas historias referidas a la zoofilia.
En casa teníamos dos perros. Uno más viejo y tonto de buen tamaño y con aspecto guardián y un labrador mezclado, bastante grande pero demasiado bueno para mi gusto. En algunas ocasiones lo había encontrado chupándose asimismo y era en esas oportunidades cuando le salía la punta fuera del capuchón de pelos y siempre reconocí que se parecía así al salir mucho al glande humano. No podía entonces entender como era que podrían hacer realmente los personajes de los relatos, porque los animales parecen muy reacios a determinadas situaciones. O al menos así me lo parecía a mi en aquel tiempo.
La cosa es que pasado un tiempo había noches en que caliente y solo como me encontraba terminaba pajeándome luego de leer algunas historias, en las que descubría que siempre existía el factor común de las chupadas, y a veces el de la bisexualidad. Fue así que comencé a pensar si yo no tendría inclinaciones homosexuales o al menos bisexuales.
Cuando nos encontrábamos nuevamente con mi mujer teníamos relaciones normalmente y estos pensamientos me guardaba muy bien de comentárselos. Pero hubo un pequeño incidente que produjo el inicio de lo que iba a terminar siendo una situación por demás increíble. Una noche en que llovía había yo permitido al perro ingresar a la casa porque el pobre siempre se acercaba y rascaba la puerta de la cocina cuando hacía mucho frío o cuando llovía. Yo me encontraba en el cuarto de la computadora solo con un slip y un buzo, y cuando me dirigí al baño el perro se me acercó y cosa que nunca antes había hecho - o al menos nunca antes yo le habría prestado atención a cosa semejante- metió su húmedo hocico por el costado del slip y olisqueó rozándome los huevos y parte de la pija.
Yo, que estaba medio alzado sentí curiosidad por ver como reaccionaba el animal, y directamente me corrí el calzón para dejar ante su cara mi falo que bamboleante quedó en movimiento a medio camino entre erguirse y bajarse. Entonces para mi sorpresa - pero no precisamente desagradable- el perro comenzó a pasarle la lengua cada vez con mayor velocidad, y cuando más se me paraba la pija el animal parecía acelerar su lengüetadas y con movimientos de cabeza introducía su hocico bajo mis huevos como queriendo olerme o chuparme el ojete. Dándome vuelta puse mi culo ante su morro para descubrir que efectivamente el perro olía y pasaba su lengua por mi ojete, lo cual me produjo una calentura increíble.
Pero me detuve por miedo a alguna enfermedad. Pensé en que cosas podría haber estado chupando el perro, y allí detuve la acción. Note entonces que el perro tranquilamente se dejaba caer de costado y lengüeteaba ahora su gran pija cuya punta florecía llamativamente, algo más grande que lo que recordaba y de color menos roja. Calcule que así hinchada parecía casi tan grande como la mía cuando esta parada.
Me lavé bien y me fui a la cama. Pero no podía dormir. Lo que había ocurrido me había trastornado y me volvía calentar de solo recordarlo.
Termine masturbándome esa noche con sentimientos mezclados de excitación, vergüenza, rabia, porque por momentos me imaginaba con mi mujer y por momentos con el animal. Pasado casi un mes de aquella noche de lluvia, volví a estar solo y fui a cenar a lo de unos amigos de donde regresé cerca de las dos de la mañana. Recordé que no le había dado de comer a los perros y le lleve su ración al viejo que estaba atado al fondo y le llene su plato al labrador que ingresó a la casa.
Me cambié y estaba dispuesto a irme directo a la cama cuando el perro se me acercó y comenzó nuevamente con sus movimientos de hocicó buscando mi sexo. Deje que el solo actuara, y noté que con paciencia y cierta torpeza lograba a base de suaves mordiscos en la ropa bajarme el calzoncillo un poco y meter el morro por un costado para empezar nuevamente con su atractivo chupeteo. Cerrando los ojos la sensación era realmente hermosa. Una lengua grande y glotona bañaba mi pija de arriba abajo y olisqueaba todo como pidiendo algo más.
Note mirando de costado entonces que el animal también parecía estar excitado y tomando valor empecé a acariciarlo por su cabeza y su lomo pronunciando palabras suaves y alentadores hasta que me anime a llevar mis dedos a su pija. Descubrí entonces que era enorme y estaba dura como una madera. La envolví en mi mano para comprobar que así envuelta no cabía toda en mi palma y una enorme bola a mitad del camino de su tronco se inflaba cada vez más. Entonces me agaché un poco y sentí deseos de ver como era realmente. El perro permanecía quieto y expectante. Había separado más sus patas traseras como en espera que yo le tocase allí. Con una mano le comencé a acariciar la pija y con la otra los huevos lo cual parecía gustarle aun más. Entonces repentinamente como si fuera un lápiz labial rojo vivo, salió la punta de su pija, roja, húmeda, brillante y puntiaguda. Y en ese instante un deseo irrefrenable se apoderó de mi, y entrecerrando los ojos me acerque y me metí eso en la boca. No me atreví a degustarlo porque me impresiono y comencé a escupir de continuo.
Me levante y me lave la boca con agua, con alcohol y volví a lavarla dos y tres veces más. Me acosté confundido conmigo mismo. Pero sentía tal calentura que no pude bajar mi verga hasta no acabar con una buena paja. Deje pasar unos días tratando de olvidar el tema pero en lugar de ello comencé a buscar más datos y más relatos sobre el tema para ver si me ilustraban acerca de mi comportamiento y de los riesgos que implicaba estar haciendo esto.
En lugar de alejar la idea, cada noche era mayor la calentura que me entraba estando solo. El perro parecía estar gozando con todo esto porque todas las noches intentaba entrar y cuando le franqueaba el paso directamente iniciaba su ceremonia sexual buscando con su hocico mi miembro. Notaba ahora que cada vez que lo hacía el perro también tenia sus buenas erecciones.
Entonces una noche me decidí a dejarme llevar por mis instintos y tomándome antes dos buenos vasos de whisky deje entrar a Sultán - que así se llama el perro- , y me lo lleve directamente a la alfombra del cuarto de la PC. El animal inició sus juegos de lengüeteo. Pero esta vez parecía mas sorprendido porque me saque toda la ropa y quede tan desnudo como él. Entonces me acosté boca arriba en el piso y deje que el perro actuara. Me olisqueaba y pasaba la lengua por casi todo el cuerpo lo cual me llevo a una estado de excitación tremenda, pero cuando comenzó a lengüetear mi pija, noté que el mismo abría sus piernas traseras y dejaba entrever su cabeza roja que iba saliendo exultante fuera del capuchón. Lo sobe un poco con mi mano y al notar que ahora ya salía algo más que la punta, algo así como unos diez centímetros de gruesa verga, me aproxime lentamente y abriendo mis labios engullí esa pija para empezar a pasarle lentamente mi lengua golosa. El perro pareció primero asustarse de la situación y se retiró un poco incluso escondiendo buena parte de la pija que había sacado, pero cuando notó que yo seguía con suaves caricias tocándole los huevos y el tronco se acercó más y me dejó volver a metérmelo en la boca.
Me lleve entonces una mano a mi pija que estaba ya mojada y seguía siendo lamida por el perro, y con la otra lo pajeaba a la vez que me metía ese pedazo duro y creciente en mi boca. El animal repentinamente comenzó el típico movimiento de mete y saca encorvando sus caderas hacia delante y sentía como la gran bola a mitad de camino de su tronco me era también ofrecido. Yo, chupaba ahora con fruición. Sentía un irrefrenable deseo de comerme toda esa pija, y Sultán me la ofrecía cada vez más grande en sacudones que hacían que su punta golpease mi garganta. Entonces, tal como me lo imaginaba un chorro primero débil luego muy fuerte de su leche inundó mi boca. Y otro, y un tercero. La leche me salía por la comisura de los labios pero seguí pasando mi lengua hasta que el perro mismo se encargó de sacar su pija, y le dedicó el mismo unas cuantas lamidas. Yo note que había también acabado y mi leche bañaba mi vientre y parte del piso. Me bañe casi durante cuarenta minutos y me lave la boca con cuanto remedio o liquido que a mi entender pudiese desinfectar.
Mi mujer volvió a los dos días, y por supuesto de esto nada le conté. Me moría de vergüenza de solo pensar que ella pudiese sospechar algo y mucho menos me atrevía a confesarle tal cosa. Pero nuestras relaciones parecieron empobrecerse a partir de ese momento.
Teníamos sexo dos o tres veces por semana, pero era algo casi rutinario sin demasiados altibajos ni sorpresas. Entonces sería yo quien se iba a llevar la gran sorpresa porque una tarde en que volví para buscar las tobilleras (habíamos ido a jugar un partido de fútbol con amigos) entré sin hacer ruidos a la casa. Simplemente porque pensé que nadie habría. Y al subir las escaleras escucho jadeos y la voz de mi mujer hablando suavemente con alguien. No entendía las palabras por lo cual sentí mayor curiosidad. Con quien estaría ella en nuestro cuarto?. Y me acerque tratando entonces de no hacer ningún ruido. Espié por la raja de la puerta, y lleno de sorpresa, descubro la siguiente escena:
Al costado de la cama, mi mujer vestida tan solo con una corta camiseta, le estaba mamando la pija a Sultán quien parecía muy tranquilo, allí semirecostado sobre la alfombra.
Entonces sentí vergüenza por ella y por mi mismo. Que podía reprocharle yo a ella si yo había hecho lo mismo un poco tiempo antes. Pero la escena me conmocionó tanto que empezó a darme vueltas en la cabeza y sentí que debía hacer algo para que este tema lo confesásemos ambos. Y la forma en que se me ocurrió hacerlo es iniciar algunos comentarios como al pasar sobre temas y cosas que había estado viendo o leyendo en Internet. Le comenté un día sobre consoladores, otros sobre bisexualidad, y hasta llegar a la zoofilia.
Ella casi siempre respondía con lo mismo: sos un pajero!.... para que querés revistas o fotos si aquí me tenes de carne y hueso. Y tenía razón de ello, pero a partir de esas charlas fui tomando confianza hasta que un día me anime a decirle: Sabes que? Me gustaría probar otras cosas con vos en la cama. Cómo que?. Que se yo, disfrazarnos, comprar una muñeca inflable... Ahhh mirenlo, una muñeca!!! y porque no un muñeco?..... Bueno, puede ser un muñeco también, si de consoladores se trata... La cosa quedó así, hasta que cuando se lo volví a repetir una noches mas tarde ella me contestó: Si lo que querés es comerte una buena pija, ahí tenes la de Sultán. Y me quede helado por unos instantes. A que te referís? le pregunté.
Digo, que Sultán tiene una poronga enorme, creo que más grande que la tuya. Y vos como sabes eso? Porque lo he visto varias veces cuando se la chupa asimismo y la saca, o vos nunca lo viste?. Si claro lo he visto alguna vez pero ni me fijo en eso. Ah no??, acaso no me decís que miras fotos y lees cuentos en la PC?. Pero eso es otra cosa!. No, no es otra cosa, es lo mismo, pero encima es peor porque aquí al menos lo tenes palpable y en la PC es solo una imagen. Que me queres decir que me gusta la pija?. Ah...no se, habría que probarlo, no te parece?. Y porque no lo probas vos! Le dije con algo de bronca y temor. Vos me dejarías?. Y si, si eso es lo que queres porque no te iba a dejar?. Y porque sería como meterte los cuernos, y con tu consentimiento, lo aceptarías.?
No, no es lo mismo, una cosa es que te vayas con otro tipo y otra muy distinta es que juegues con el perro de la casa... Y ella entonces se levantó de la cama, y llamó a Sultán, quien en tres trancos trepó la escalera y se quedó parado a sus pies moviendo la cola de contento. Queres que te muestre la verga de Sultán?. me preguntó entonces con cara algo libidinosa. Y... bueno, a ver, que me vas a mostrar.? Y ella acariciando al perro lo obligó a recostarse y comenzó a acariciarle el lomo y la panza diciéndole suaves frases a la vez que me miraba de reojo como esperando una reacción mía.
Acercate, fijate me dijo. Y al acercarme note que el lápiz labial de la pija de Sultán ya afloraba un poco. Ves?, no te decía?, mira la rapidez con que se le para!!... queres tocar que dura es?. No, para que? le dije yo, con algo de vergüenza porque interiormente sentía deseos de hacerlo. Sultán se incorporó en cuatro patas, y trató de olisquearme la pija como lo había hecho otras veces, entonces yo me retiré un paso atrás instintivamente. Pero ella me retó: no seas así, no ves que quiere que la pases bien..... acercate y dejalo que te huela, y diciendo esto, mi mujer, sin dejar de acariciar la panza y la pija de Sultán me aflojó con su otra mano el cinto y bajo el cierre para tirar y dejar parte de mi pija al aire libre. Sultán volvió entonces a olisquear y comenzó su lengüeteo sobre mis huevos. Ves?.....no te gusta como la chupa??? Deci la verdad!! ....sacala bien, dale egoísta.....y levantándose un poco mi mujer se metió mi pija entera en la boca y me la dejó ensalivada. Chupe Sultán chupe...le ordenó al perro y este obedeciendo o a su dueña o a su instinto empezó a chupar otra vez ahora con mayor libertad.
Mi mujer estaba en cuclillas sobre el piso pajeando a Sultán quien a su vez me chupaba la pija... y levantando su vista, me dijo... no querés que se la chupemos los dos juntos ?.... Que cosa? Dije yo haciéndome el tonto. Este vergota, mi amor, veni, agachate y mirá lo que está saliendo... Y ahí fue cuando no pude mas. Me agache y quedo Sultán en medio de nosotros dos en similar posición. Mi mujer mi miraba con cara de puta, sin dejar de masajear la pija de Sultán que ahora efectivamente se mostraba enorme, mucho mas grande que la mía!!! y yo debería tener cara de caliente, porque ella sacó un poco su legua y la acercó a la roja pija de Sultán para lenguetarla y acto seguido se me acercó un poco y me puso la lengua entre los labios. Por respuesta yo entreabrí la boca y le chupe su lengua a mi mujer, entonces no se bien como, me acerque aún más y deje que mi mujer doblara la pija saliente de Sultán apuntándola hacia mis labios. Abrí la boca deseoso y deje que me penetrara. Hummmm.... que deseo tenia ahora de chupar esa verga.... y la succionaba suavemente mientras con cada movimiento veía a mi mujer mirándome fijo y sonriendo como diciéndome: sabía que te iba a gustar...... Dame un poquito a mi...egoísta....... sentí entonces que ella me decía, y ella misma me la sacó de la boca para pasar la pijota adentro de la suya y seguir con el movimiento.
Sultán entró en calentura y comenzó su mete y saca doblando otra vez las caderas.......y yo vería como mi mujer inflaba su boca al compás de esa masota de carne dura que entraba y salía de su boca hasta llenarla de leche....... Sultán se encargo de salirse y procedió a chuparse asimismo, mientras mi mujer y yo quedábamos de frente, mirándonos con lujuria. Ella acercó su boca chorreante y me besó primero las mejillas luego los labios y finalmente la boca...... Nos fundimos en una beso de leche de Sultán donde compartimos nuestra libido y nuestros deseos mas bajos.
A partir de aquella tarde nuestras relaciones han comenzado a ser mejores que cuando teníamos veinte años. Solo que ahora el condimento de Sultán jugueteando con su verga en nuestras bocas o en nuestros agujeros ha puesto la cosa mucho más interesante.
Últimamente mi mujer me ha dicho que soy un excelente chupador, y que mucho le gustaría verme chupar un a buena pija humana. Hasta me ha insinuado en un par de ocasiones que ella fantasea con tal o cual conocido y que porque no lo invitamos alguna noche y nos damos un banquete de pija y leche..... pero todavía no le podido dar el gusto, aunque debo confesar la idea ya empieza a rondar por mi cabeza.

escrito por r0g3R
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