Mi nombre es Santiago, soy de la ciudad de Córdoba, Argentina, tengo en este momento 28 años y esta historia que les voy a contar ocurriò cuando tenìa 24 años, si bien antes habìa tenido distintas experiencias de tipo zoofìlìco.
Era una siesta calurosa de enero y estaba bañándome en la pileta de la casa de campo de mi amigo Mariano, a la cual me habìa invitado a pasar 10 días. Era un pueblito muy chico, no habìa mucho para hacer y a medida que transcurrìan los días mi calentura se volvía mas incontrolable ya que nunca me quedaba solo y ni siquiera una buena paja me podìa hacer. Esa siesta Mariano y su padre decidieron ir a Rìo 4º, una ciudad distante a aprox. 150 kms. de donde estàbamos y volverían a la noche para comer un asado, asì las cosas decidì meterme a la pileta para tomar un poco de sol. En eso estaba cuando desde la zona de los corrales siento un relincho y de curioso me doy vuelta y veo un potro negro con un enorme falo desenfundado, estaba inquieto el animal intentando acercarse a una yegua blanca que estaba del otro lado del cerco. La situación me llamo la atención, salì de la pileta y me acerquè para observar y ahì notè el por què la calentura de ese potro..... la hermosa yegua blanca estaba de ancas hacia el corral del animal con su cola prolijamente recortada levantada enseñándole su vulva hinchada, en clara señal de que estaba en celo y por cierto muy caliente. Esa escena de mas està decirles que hizo poner como una piedra mi verga y aprovechando que estaba solo y lejos de la vista de nadie decidi acercarme a la yegua, tome el tiento por donde estaba atada y comencé a acariciarla, primero por el cuello, luego por el lomo y ya cerciorado de que era mansa empecé a acariciarle sus musculosas nalgas y dejè deslizar mis dedos hacia su vulva, a lo que respondió inmediatamente levantando su cola como pidiendo que le acaricie bien la concha. Pasè la yema de mi dedo mayor de punta a punta de su raja sintiendo despacito lo mojada que estaba, le separè los labios vaginales y pude apreciar bien de cerca esa ternura rosada y empapada, la yegua empezò a separar las patas traseras y a expulsar su clítoris para afuera en movimientos espasmódicos, levantò aùn mas su cola y comenzò a largar unos chorritos de meada, para los que conocen de estos animales, signos obvios de un celo terrible, ya sin miedo a que me patee y presa de una calentura infernal, me puse entre sus patas traseras y mientras penetraba con el puño su vagina cada vez mas dilatada con la otra mano sobaba ese clítoris inchado, no podìa creer como mi brazo se hundìa cada vez mas profundo en su cuerpo, tenìa hasta el codo inserto en su vagina que se lubricaba mas y mas, comencé a acelerar el ritmo hasta que literalmente ya eran trompadas que entraban hasta la mitad de mi bíceps y salìan rapidamente mientras el animal jadeaba y separaba mas sus piernas. Desacelerè el ritmo, le deje hundido el brazo y con la otra mano totalmente lubricada por sus efluvios comencé a pajearme, en eso estaba cuando detuve mi vista en su ano, rosado y hermoso, soltè mi verga y puse la puntita de mi dedo índice en ese orificio, lo contrajo de tal manera que pense que no le gustaba y que no entraria ni un alfiler ahí, de todas maneras no me prive de escupirlo bien e intentar de nuevo, al minuto de haber introducido el dedo ya estaba metiendo cuatro y al minuto siguiente la yegua calentona tenia un brazo completo en su vagina y a la vez el otro en su culo, ya era demasiado para mi asi que me retire, busque un cajón de cerveza que estaba cerca, lo puse detrás de ella y parado allì apoye la cabeza de mi verga en el orificio de ese ano rosado y le empece a hundir, no se imaginan la temperatura de ese culo...... y lo apretadito cuando lo frunce....., asi pase como 15 minutos abrazado a esas enormes ancas y penetrando ese culo celestial. Mientras tanto su concha estaba cada vez mas abierta, por lo que decidì probarla, introduje mi pene ahí y continue con mis embestidas, sentia como se empapaban mis bolas con sus jugos, hasta que en un momento, estando bien adentro senti como las expulsiones del clítoris que hacia acariciaban mis testículos, eso fue lo máximo, senti una electricidad en todo el cuerpo, introduje un puño en su ano y con ese cosquilleo en las bolas dejè drenar toda mi leche dentro del animal.
Si les gustò el relato, después les cuento como, terminado con eso, lleve a la yegua al corral para que sea penetrada por el potro.